lunes, 19 de agosto de 2013

LA CIUDAD DEL FESTIVAL - CANNES 2013



Sobre La 66a edición del Festival de Cannes que fue celebrada del 15 al 26 de mayo 2013.


Cannes ha resultado ser más una ciudad clasista, elitista y muy poco amable con el turista  en general, el paraíso que anuncian y tanto promocionan, solo está  al alcance de aquellos que estén dispuestos y en la posición de desembolsar una considerable suma de dinero. Acentuándose mucho más, en las fechas en que el famoso festival de cine se lleva acabo.


La ciudad sufre toda una transformación, realmente se le ve florecer y embellecerse esperando recibir a las grandes luminarias y agradar a todos los ojos que cada año voltean a ver esta pequeña ciudad en la riviera francesa. Los trabajos más obvios comienzan desde semanas antes, aunque la planeación lleve meses de antelación. No solo puede observarse en la decoración, sino también en la apertura de nuevos  negocios, el aumento de seguridad y el incremento notable del tráfico y el caos vial de la ciudad. Tráfico que para personas como yo, y aquellas que venimos de grandes ciudades, nos llega a parecer un poco ridículo que se arme tanto descontento y alboroto por tener que salir 10 minutos antes de lo acostumbrado. Ya que siendo sinceros, 10 minutos realmente no es la horrorosa tragedia que los habitantes de la región odian sufrir.

 
En fin, hablando más acerca del festival, voy a ser sincera al decir que no estoy interesada en discutir sobre la selección, los actores o los premios. Sin duda los amantes del cine no necesitan que yo les venga a hablar acerca de ello. En cambio, a mi me resultó mucho más interesante la dinámica y los elementos que surgieron alrededor del festival y que involucran a toda la ciudad de Cannes y sus alrededores.


Año con año el festival se da a la tarea de presentar ante un muy diversificado público, una enorme lista de Films de largometrajes y cortometrajes pertenecientes a diferentes nacionalidades y escuelas, que van de la mano de conferencias, eventos y luminarias en buscan satisfacer a todos los gustos y géneros interesados en el mundo cinematográfico. Para lleva a cabo esta titánica tarea, la larga lista de proyecciones se ve dividida en principalmente (pero no exclusivamente) en dos secciones.  
Por un lado están aquellas que pertenecen a la Selección Oficial y que están dentro de la competición. Y por el otro lado, están aquellas que también pertenecen a la Selección Oficial pero que no están en la carrera por obtener la palma de Oro otorgada al final del festival. De la misma manera, las salas de proyecciones distribuidas por toda la ciudad, se ven divididas en dos: Las Salas del Festival y las Salas del Marché du Film.

Y es precisamente aquí cuando todo el frenesí da comienzo, con muchos meses de anticipación se abre la convocatoria para todas aquellas personas que estén interesadas  en conseguir su Badge. También, aquellos que viven en la ciudad se inscriben a un sorteo con la esperanza de obtener un boleto ganador que les permita acceder a la codiciada alfombra roja. Una cosa está clara, si no tienes un pase o Badge de Acreditación, mejor no pierdas el tiempo en filas interminables, deja eso y  aprovecha el tiempo visitando uno de los tantos bares que en esta temporada del año comienzan a rebosar de la gran población turística que ahora los frecuenta.
Esta recomendación la hago, porque es bien sabido y constantemente repetido por los representantes del festival, que las plazas son sumamente limitadas y muchas veces, aún con pasé y aún habiendo hecho fila bajo la torrencial lluvia o el ardiente sol (la semana del festival, el clima siempre es una locura) uno simplemente se queda fuera. 


Así que si verdaderamente deseas disfrutar de un film y no cuentas con las preciadas invitaciones, lo más recomendable es ir al cine de la playa que es abierto al publico y si acaso te quedas fuera, puedes igualmente disfrutar del film simplemente acomodadote en los alrededores.


Pero si en verdad estás empeñado en entrar, bueno, haz como muchas personas que se ponen sus mejores galas y esperan a las puertas de las salas de proyección, sin importar que llueva truene o relampagueé, con la ilusión de que alguien les de un boleto para la película que desean ver. Esta tradición se ha vuelto cada vez más y más famosa entre los visitantes, al punto que se ha convertido en parte del espectáculo masivo que es Cannes.


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